Aterricé en el AIFA

Señoras y señores, niñas y niños, peques y peques

Como ustedes saben, me encontraba trabajando en la ciudad de las Chivas Rayadas y el Atlas, ya que mi empresa decidió mandarme por 15 días, incluyendo este fin de semana… Sin embargo, por motivos mega-personales (pero relacionados con la nenorra, supongo que se lo imaginarán), tenía la necesidad de moverme a CDMX. Obviamente y como era de suponerse, la empresa no me patrocinó el traslado, por lo que yo tenía que buscar mis propios medios para ir.

Entonces comenzó la búsqueda: opciones en Aeroméxico, VivaAerobús, Volaris, etc. Aunque no estaban particularmente caros (sobre todo si rechazas llevar maleta, comer, sentarte, y próximamente: respirar), pero aún así yo estaba buscando la opción más barata, pues, como lo mencioné antes, este viaje sale de mi dinero así que si hay que escatimar gastos.

Después de barajar un poco las opciones, se me ocurrió una gran idea: ¿Y si vuelo hacia el AIFA? Así es amigos, se me ocurrió ir a ese oscuro lugar, que, según las leyendas cuentan, es horrible, peligroso, dañino, decadente, desordenado, etc. etc. Pero al ver que obtenía un mejor precio entonces dije ¿por qué no?

Y fue así como me decidí: Compré boletos de la empresa VivaAerobus: por poco menos de $1,600.00 haría un vuelo redondo, con horarios más o menos adecuados a mis necesidades, obviamente, como dije antes, no incluye:

  1. Cambio de horario
  2. Devolución por cancelación
  3. Maleta documentada
  4. Maleta a bordo
  5. Check-In antes de las 48 horas.
  6. Botana
  7. Alimentos
  8. Bebidas
  9. Asiento

Bueno, creo que el asiento si lo incluye, siempre y cuando uno acepte que le pueden dar “cualquier asiento”, claro que, para asegurar me parece que es necesario escoger y pagar uno, para que no lo dejen a uno “en espera”. Sin embargo, a mí todo me salió bien; llegué al aeropuerto de Guadalajara con el camioncito del hotel, ya que nos incluyen viajes al aeropuerto, así que aparté mi lugar y llegué a buena hora a la terminal; la cual por cierto, tiene bastante espacio, aunque la están remodelando y ampliando, por lo que hay un relajo de construcción, trabajadores, etc.

El vuelo salió a la hora correcta, por más que pensé que se retrasaría, ésto no pasó, lo cuál fue bastante bueno… Y después de una hora de vuelo comenzamos a bajar rumbo al AIFA.

Y entonces llegué: El pìloto dijo: “Bienvenidos a Santa Lucía”, junto con la información de la hora, el clima y demás datos del lugar. Atterizamos en tiempo y forma. Nos bajamos del avión, directo a la pista, teníamos un techito bastante simple que nos llevaba a la sala de llegada, y allí ya tenían a los pasajeros formados que se subirían al avión para el vuelo de regreso, por lo que nosotros pasamos cerca de la fila y entramos al famosísimo AIFA… ¿Y cuáles fueron mis impresiones?... Pues aquí les va:

La primera entrada nos hizo llegar a una sala relativamente pequeña, con una pantalla que anuncia que estamos llegando al AIFA, y la sala está adornada con unas grecas estilo maya. Ahí comencé a grabar “mi llegada” al AIFA, pero un militar sentenció: “Aquí está prohibido grabar”. Entonces tuve que apagar mi cámara y seguí caminando. Caminé más de lo que pensaba, hasta llegar a la sala de espera, fue un camino en donde las instalaciones se pueden ver ordenadas, limpias, todo muy pulcro, claro que son instalaciones nuevas, pero de todos modos todo se ve muy ordenado: con líneas que pueden usar los invidentes para conocer el camino que los lleva a la salida y con señalética adecuada.

Después de varios minutos caminando llegué a las bandas en donde saldrían las maletas, pero como yo no pagué ese gran privilegio, me seguí de largo, y entonces llegué a la sala de espera. Mi idea era tomar el famoso mexibús, que va a Ojo de Agua, en donde se puede tomar la línea 1 del Mexibús para llegar al Metro “Ciudad Azteca” de la línea B del metro y de ahí moverme a donde yo necesitara, pero esta vez mis papás (si, ellos. ¿Qué haríamos sin ellos?) me dijeron que pasarían por mí, así que al llegar a la sala de espera ahí estaban: nos abrazamos y emprendimos el camino al auto.

Salimos del estacionamiento y después de algunos tropìezos encontramos el camino de regreso, aunque nos equivocamos y tomamos el “Circuito exterior mexiquense”, aunque es una autopista que nos queda bien, pero no era la idea, así que después de 45 minutos ya estábamos en casa… No está mal, pero sé que la casa de mis papás está “relativamente” cerca del AIFA,

Así que en la escala rodriguezca del AIFA, le pondría un 9.3, sólo perdió puntos por la falta de señalamientos al momento de salir del estacionamiento, pero en realidad las instalaciones son de primer nivel, muy modernas y con un muy buen mantenimiento.

Claro que el AIFA es nuevo, tenía que ser de esa forma, espero que al pasar de los años se mantenga igual, eso lo averiguaremos en el futuro.

Como una nota extra, resulta que mi avión venía lleno, y la gente en el AIFA resultó ser más de la que yo esperaba, pensé que iba a ir en un avión semivacío, pero no, también pensé que iba a pasar lo mismo al llegar al aeropuerto, pero eso tampoco sucedió. Bien por el aeropuerto.

Bueno y esa fue la experiencia al llegar al AIFA, ya me voy porque voy a hacer mis pendientes en CDMX, así que mañana les contaré mis aventuras en la ruta AIFA - GDL, pues es necesario regresar para seguir trabajando.

Así que por hoy es todo, pero recuerden que…

…Seguiremos averiguando…

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