Baño de tierra en la acuafiesta
Queridos amigos, bienvenidos a este nuevo post
La aventura que les contaré tiene mucha relación con la nenorra, quien ronda ahorita una edad de entre 3 y 17 años, para que tengan el contexto.
Hace unos días una amiga de la nenorra la invitó a su fiesta de cumpleaños, la cual se llevaría a cabo en un lugar para mi completamente desconocido, un lugar para “acuafiestas”, es decir, alberca en donde todos pueden nadar y comer pizza, inclusive al mismo tiempo.
Si bien la ubicación de la nenorra es en un lugar ya relativamente alejado del centro de la ciudad, la ubicación de la fiesta en alberca lo estaba todavía más, lugares que nunca habíamos visitado…. Es entonces cuando dije… ¿qué? ¿Te voy a llevar hasta allá?.. Pero como sabía que no tenìa otra opción, me puse a revisar la ubicación, encontrando que el lugar se se encontraba cerca de:
Qué miedo ¿no?. Lo bueno es que también a un ladito se encuentra la “Tienda ángel”, así que, si visitamos ambos lugares de alguna manera quedamos a mano.
Bueno, pues lo primero que pasó es que recogimos a una amiga de la nenorra, una vez que estábamos todos, nos dispusimos a encontrar el camino, no fue tan complicado, el camino era poco conocido, pero estaba bastante bien y bien señalado, cosa que a veces es un problema en las afueras de la ciudad, aunque, obviamente el Waze nos salva la vida…. Justo eso iba pensando cuando, precisamente, el waze nos llevó hasta una calle, pura terracería que pareciera no tener paso, por lo que mi primer pensamiento fue:
Pero ya estábamos allí, la nenorra como que ya no quería llegar, pero yo nunca, NUNCA, NUNCA me le he negado a un hermoso y disparejo camino de terracería, por lo que, puse el 4x4 (es decir, avispar todos mis sentidos para los baches), y comencé a rezar para que no cayéramos en un bache que rompiera algo o nos dejara atorados, aunque, como estaba seco y no era época de lluvia, no había nada de lodo, pero supongo que habrá épocas más complicadas para cruzar esta calle, pero en esta ocasión, no pasó de que levantáramos una nube de tierra de tal magnitud, que pareciera que la estampida de animales salvajes andaba por la zona.
Así que logramos llegar, la nenorra algo asustada pero un poco divertida, encontramos el lugar y deposité a las dos chamacas, mi idea original era conocer la “cueva del diablo”, pero estaba un poco complicado el camino, por lo que preferí no seguir ese camino para encontrar la famosa cueva, así que, preferí regresar a casa, hasta que diera la hora para regresar por la nenorra, eso sí, con cuidadito en el camino de terracería que ya iba a cruzar de noche.
Así que después de algunos capítulos de algunas series de Netflix, dio la hora para regresar por la nenorra y su amiga, pero, como dijera una ex compañera hace muchos años:
Así que el camino fue más fácil para mí, por lo que llegué por las nenorras, pero resulta que ya teníamos otros 3 pasajeros rogando por subirse al auto, creo que el susto de la lejanía fue más genérico de lo que yo pensaba.
Así que nos subimos al auto todos hechos bola, con los dulces y ¡¡rebanadas de pastel!! que les dieron a todos, por lo que cruzar la terracería, con platitos de plástico sosteniendo piezas de pastel que los superan en diámetro, provocó varios accidentes dentro del auto, pero yo ya estaba resignado a la limpieza del mismo, así que ya no me importó.
Al fin lo logramos, llegamos a las respectivas casas de los distintos pasajeros, hasta que nos quedamos solos la nenorra y yo, ¡ahora sí!, vámonos a casa, llegamos, con la nenorra exhausta, feliz por la fiesta, emocionada por la nueva aventura y hasta eso, un poco apenada por el cochinero que quedó en el auto, pero eso, eso es lo de menos (dije yo).
Es todo por hoy, pero recuerden que…
… Seguiremos polveando …

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